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Amante de los tiburones. Me encanta la magia, los libros y París.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Di nunca

Recuerdo la última vez que volví a mirar a la primera vez.
Vestía de negro y yo estaba enfundada en un pijama de invierno manta.
Era nuestra quinta despedida definitiva.
Yo no dejaba de contar los días que hacía que no le veía hasta que le volvía a ver, entonces volvía a empezar. 
Nunca me salían las cuentas, nunca salía de mi cabeza.
Fueron dos años y medio de destrucción masiva, ella era una mina antipersonas y yo vaciaba el plomo de mis pies en su cuerpo. 

Nos queríamos a matar.

Quinientas sesenta y siete noches después me dejó entre dos paredes mentales. Una hacia el vacío y otra hacia la soledad de su pelo rizado.
Era capaz de perder la noción del tiempo en ese parque de atracciones, era viable la vida a su lado hasta que sacamos nuestras armas y enterró su hacha de guerra en mi espalda.

Me mató.

Ni siquiera sabía por qué, pero así lo hizo. Consiguió abrirme en canal, engancharme, logró mi dependencia emocional de sus muñecas, le denuncié por allanamiento hacia una enamorada, firmé la orden de alejamiento pero con una condición, que no se fuese nunca.
Y así fue.

Así se fue.

Aún recuerdo el libro que quería escribir sobre ella en una playa, empecé por el final y nunca terminé de empezarlo.

Aún me acuerdo de ella, por supuesto, pero jamás volvería a su lado. 

Jamás volvería a vivir su pérdida.

6 comentarios:

  1. Acabo de encontrar tu blog y que sepas que casi me matas de amor. Las cosas que escribes son preciosas. Increíblemente precioso. Enhorabuena

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  2. Buenos días Alejandra.

    Bonito relato, muy emotivo y lleno de rabia, melancolía y aceptación; aceptación de la realidad. Lo que no puso ser es mejor dejarlo en el recuerdo y pasar página para encontrar un futuro mejor.

    Enhorabuena por tener la fuerza y la valentía de continuar adelante.

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    1. Siempre hay que pasar página, aunque hayas terminado con tu libro favorito :)
      Beso!

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  3. Qué gráfico tu dolor... Lo importante es eso, que has aprendido y ya no cometerías el mismo error. No todos pueden decir lo mismo.
    Sin duda esas heridas te han ayudado a ser quien eres hoy.

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    1. Amo mis heridas, como un día amé la causa.
      No se cometen errores, se viven la vida de forma diferente a como se quiere, pero nada más :)

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