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Amante de los tiburones. Me encanta la magia, los libros y París.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Para escribir agua



Un día me preguntaron que esperaba de la vida y respondí:
"De la vida dejé de esperar cuando me arrebataron mi siempre, cuando todos mis sueños volaron sin ser cumplidos, dando por hecho que tenían alas y se marcharon con las huidas.
La vida me dijo que esperara mi casualidad y yo me negué porque ya no creía en sus días ni en sus avisos. Me ofrecía 86400 segundos en directo y sin cortes pero no me dijo que los que no viviera se perdían. Parece obvio, sí, pero esperaba guardarlos.
Opté por no contar y empecé a vivir, o mejor, dejarme vivir. Me vivieron, se cansaron y algunos se fueron, pero otros permanecieron. Hasta el final, como valientes. No digo que quien se fue se apellidase cobarde, seguro se llamaba inteligente. Al escuchar previsión de lluvia dijeron “me voy al sol” y me dejaron con la tormenta pero con mil paraguas que yo había cuidado.
La vida me eligió para que la disfrutara, me quitó mis buenos días pero me regaló noches mágicas. Se llevó sonrisas pero vino con un montón de lágrimas, cada una con una palabra.
Y con esa lluvia te escribo de nuevo, mi vida.
Derramo palabras para escribir agua".

A sentirnos cien



Y sí, hay más sitios que ayer. Hay más sitios para encontrar nuestras segundas partes, nuestras segundas veces, sabes bien que me quedaré para escuchar tu corazón cuando llore, de las mil veces que le quedan por caerse. Y que mañana se ponga el sol por donde tenga que ponerse. Que amanezcas en la cama que te promete y descanses sobre párpados que miran más allá de los rotos, porque entiende que las costuras están para romperse.
Y volvamos a mañana, a dentro de diez meses, volvamos a sentirnos cien, a crecer con creces.

El orgullo de amar por el de vivir



¿Cuántos amores de vida existen para cada uno? ¿Cómo se identifica? ¿Existe alguien único, personal e intransferible que hace de tu medio melón?
Yo creo que el amor cumple años. Cada momento de vida tiene un amor. Cada instante de tu vida está predefinido por un corazón. Y en cada oportunidad, en cada tren, debes sentir que es ella, para poder clasificarlo como amor.
En el amor, como en todo, hay un tope y un mínimo, es una escala, un intervalo. Si no entras en la medida, te quedas fuera. Si no lo muestras tal y como es, aunque lo sientas, no se clasifica como tal y no obtienes el título de perdedora. Porque sí, el amor es perder. Es perderte, sentir que ganas mientras huyes acompañado. Porque huyes. Porque todo el mundo huye cuando un amor lo abandona y en esa huida te cruzas con otros amores cobardes. Cobardes o malheridos, con el corazón en la mano y esperando, porque les han quitado hasta la fuerza de poder reconstruirse para seguir latiendo. Vivir es latir, el corazón es vida. Por eso la vida son líneas hechas de palabras, de paradas. Y es así como todos podemos escribir, porque todos sentimos lo mismo pero canalizamos de forma diferente. Pero el echar de menos es común, el sentir vacíos es común, el perder el culo por algo o por alguien es común, amar es un verbo común, huir es un hecho común y vivir es común a veces. Común a todos los idiotas que sitúan "sentir" en la primera posición de su escala de prioridad. 
Si no estás dentro de una escala, no eres idiota.
Y ser idiota es un orgullo si es por amor. 
Y amar a una idiota es un orgullo.
Y sentir que huyes con la persona equivocada es una locura. 
Y sentir que huyes con la persona adecuada es crecer.  

lunes, 5 de noviembre de 2012

If there's no one beside you


Para cuando el momento se haga gigante y te deje pequeña ante las dudas infinitas.
Para cuando quieras comprender lo incomprensible o lo aparentemente posible.
Para cuando inundes mi cama de lágrimas y no de besos.
Para que el recorrido desde tu lado hasta a mí no se convierta en abismo.
Para cuando tu cara se gire al oeste dejándome al este.
Para cuando dupliquemos las distancias, que parece que es lo que mejor se nos da.
Para los domingos en los que me quites las ganas hasta de leer a Murakami.
Para cuando creas que no me llegan las palabras escritas y borradas.
Para las faltas que no dejan de hacer eco entre mis sábanas.
Para las mañanas de cover por Zahara.
“¿Cómo qué? ¿Para qué? Para (no) volverte a ver”.

Para momentos como esos, sigo aquí. Ahí, contigo. Olvidando lo que nos ha llevado hasta ese punto, deseando refugiarte en mis brazos, besándote el llanto, dejando a un lado todo lo demás.
Y es que hoy, “todo lo demás es lo de menos”. Todo lo que está de menos eres tú. Me estás enseñando a restar, se hace notar el barrido que dejas cuando te vas y me hace pensar que esto no es para nosotras. Que no se nos da demasiado bien reciclar los abrazos que han ido a parar aquí por casualidad.
Pero claro, luego pienso en ti siendo conmigo y tú, dejándome ser y como que se me pasa un poco todo.