Mi foto

Amante de los tiburones. Me encanta la magia, los libros y París.

sábado, 11 de abril de 2015

El mejor momento del día

Suena el despertador. Diez minutos siempre es poco hasta que descubres que nada nunca es suficiente. "Un lunes cualquiera", me digo.

Desde las seis de la mañana, cuando despiertas y te piensas salir de la cama exactamente dos grados, hasta que lo haces. Convencida de que hoy será un gran día normal, empiezan a volar luciérnagas por tu cabeza que te recuerdan a los destellos de una hoguera de San Juan en una noche de verano, cuando eras más joven todavía y jugabas a pedir deseos echando llamaradas al fuego. Desde la inocencia de quien sabe que en diciembre nunca hay sol, hasta la certeza del que entiende que siempre queda luz en el interior. Desde que suena tu canción favorita diez segundos antes de encontrar aparcamiento en pleno centro a hora punta, hasta que haces un inciso en un texto y recuerdas que hay canciones que merecen que siempre lleguemos cinco minutos tarde. Qué suerte.
Nada extraordinario podía pasar en este lunes azuloscuro, aquí la gente siempre viste igual: traje enfundado, bufanda de marca y paraguas en mano. Bendito verano, ¿por qué te marcharías? En el ascensor hay dos mujeres que comentan la jugada del nuevo que no ha hecho más que pifiarla desde que se ha sentado por la mañana. "Y para colmo, llega tarde y tarareando, qué huevos", murmuran.

Desde que me tomo el primer café y decido que mañana compraré ese té de vainilla que Javier me presenta los sábados, hasta utilizar mi taza de Superhéroes y hacer de este puesto que tanto comparte conmigo algo mío. Desde que recuerdo la última vez que soñé que volvía a perderla de nuevo, hasta entender que nos vamos hasta en sueños. Desde que empiezas a vivir la vida mental paralela, hasta que la realidad personificada te avisa de que estás desviando la mirada. Desde su boca, hasta su cuello, pasando por la última vez que te eché, y no fue de menos. Una risa al fondo del pasillo que termina en vacío, se cuela dentro de mis cascos y hace que escriba de nuevo la misma palabra con -h. Me ha cogido manía por querer hacerla muda, no me lo tengas en cuenta, sustantivo de turno, estamos a lunes y todavía no he tenido tiempo de poner ese solo de piano que hace invisible al resto.
Tiempo, tiempo, tiempo, relojes de arena repletos de mar. Un tiburón nada entre el óvalo de cristal con forma de infinito, esquivando las virutas de los segundos, intentando no colarse en el estrecho pozo que le lleva a regresar de nuevo a esquivar. 
Concéntrate, ser humano que habita este cuerpo, sólo estás a lunes.
Trabajar para producir, producir para consumir lo producido, ahorrar en tiempo de producción para tener más tiempo de consumición y que sigan produciendo. El ciclo mortal de la vana existencia. Espera, que está sonando Izal, ¡qué viva la vida! "Qué bien que te pusiste en medio. Y qué manera de perder las formas, y qué forma de perder las maneras. Ya nada importa, el mundo ya se acaba, no quedará nada, ¡disfrutemos de la última cena!"
Ya es la hora. Ocho de la tarde, "hasta mañana" -le digo a una sala que se apaga esperando que mañana entre alguien tarareando su canción favorita. Palpito hasta el ascensor, piso 1: "Ascensor bajando. Lift is going down. Planta 1. First floor".
Desde los diez minutos caminando, hasta encontrar el Delorean que algún día tendré. Desde que conecto el modo aleatorio, hasta que sale la melodía que lleva tu nombre. Desde que diviso un eclipse, hasta que llego a mi Sol. Desde que suena, diez segundos antes de encontrar aparcamiento en pleno centro a las tantas de la noche, hasta saber que he llegado al número treinta y ocho.

Cualquiera de esos podría ser el mejor momento del día, pero hay presencias que merecen que dejes a tu canción favorita con la palabra en la boca.
Ésta es mi certeza: no hay mayor suerte que verte.