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Amante de los tiburones. Me encanta la magia, los libros y París.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Tú eres la cuestión

El otro día vi con mis propios ojos como la propia familia echaba por tierra los principios de uno de sus hijos. A él le gusta el rap, las letras en general, el placer de sentir el doble al escribir y eso para ellos era una pérdida de tiempo. Yo al leerlo no supe hacer otra cosa que:

"No tienen ni idea y te aconsejan que lo dejes.
Utilizan las palabras para apagar las tuyas.
Hablan de un fruto de la edad que no madura, del rap y la poesía como armas de destrucción pasiva.
Y llevan razón. Te abres en cada filo del folio, recalcas sentimientos a flor de miel. Pisadas, latidos, -las letras no son el oficio para el beneficio- te graban.

Déjales, ellos sí saben de lo que hablas, escribes los silencios que se callan, traspasas las palabras, deshaces verbos derretidos en la boca del cobarde. El rap es la declaración perpetua a una madre, lo que le dices al amor por primera vez cuando sale por la puerta y tú esperas volverle a ver. El suma y sigue que yo te sigo, el rojo de la apuesta a este futuro negro en un sistema anti-nosotros.

Concéntrate

El mundo es el blanco de este roto cielo azul.
Mira el reloj y huye, no hace falta un vuelo a Londres, imagina que el creyente de sí mismo tiene alas, la verdad no se encuentra en el mismo bar de siempre, puedes ahogar las penas y vivir debajo de un puente, el calor depende del hogar y no de la cerilla que te enciendes.

Sigue creciendo,
creer o no creer
TÚ eres la cuestión.

Eres el don de las doce, el: “antes de la una en casa”.
Echa de menos si tienes que hacerlo.
Ama la vida como si fueras tú quien está viviendo.
Vive el amor como si fueras tú quien está amando.
Aparta el abrazo del regazo que rechaza el lametazo de tu perro, él es el verdadero amigo y no el hombre.
Siéntate a pensar porque no abrazas cada día a los que te quieren de verdad, duerme sintiendo que mañana te despertarás y espera el día de no hacerlo.

La muerte es la antesala de la inmortalidad,
tírate por el puente como ellos, crea una familia, acuéstate de espaldas a la espalda que no quieres volver a ver, haz cosas por inercia, sopla velas y mira como tus sueños no aceleran.
Besa en la mañana antes del primer café, descálzate y sal a la calle sin tus miedos, puedes seguirles y quedarte en el intento o crear un mundo paralelo donde tú puedas hacerlo.

En serio, míralo por donde quieras, pero no dejes que te cierren los ojos."

martes, 5 de noviembre de 2013

Cómo

He visto cómo te desatas los cordones,
cómo te desabrochas la chaqueta,
cómo te sueltas el pelo,
cómo.

Cómo te frotas los ojos para ponerte en la boca
que los sueños te pesan,
cómo te calientas las manos con el aire que me robas,
cómo.

Cómo eres capaz de colarte entre mis dedos
sin rozarme,
cómo abres todas las puertas para después saltar
por la ventana,
como un suicida con esperanzas de ser salvado.

Cómo.

Cómo te atreves a entrar en mi vida
totalmente desduda,
sin soltarme.

Cómo osas frotarme,
calentarme,
dejarme sin aire.

Cómo me cuelas por tus poros para quitarme los miedos,
cómo me encierras en tu casa
y me señalas la ventana.

Cómo.
Y por qué.

Dime cuándo
y te juro 
que no salto
pero me asomo contigo.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Di nunca

Recuerdo la última vez que volví a mirar a la primera vez.
Vestía de negro y yo estaba enfundada en un pijama de invierno manta.
Era nuestra quinta despedida definitiva.
Yo no dejaba de contar los días que hacía que no le veía hasta que le volvía a ver, entonces volvía a empezar. 
Nunca me salían las cuentas, nunca salía de mi cabeza.
Fueron dos años y medio de destrucción masiva, ella era una mina antipersonas y yo vaciaba el plomo de mis pies en su cuerpo. 

Nos queríamos a matar.

Quinientas sesenta y siete noches después me dejó entre dos paredes mentales. Una hacia el vacío y otra hacia la soledad de su pelo rizado.
Era capaz de perder la noción del tiempo en ese parque de atracciones, era viable la vida a su lado hasta que sacamos nuestras armas y enterró su hacha de guerra en mi espalda.

Me mató.

Ni siquiera sabía por qué, pero así lo hizo. Consiguió abrirme en canal, engancharme, logró mi dependencia emocional de sus muñecas, le denuncié por allanamiento hacia una enamorada, firmé la orden de alejamiento pero con una condición, que no se fuese nunca.
Y así fue.

Así se fue.

Aún recuerdo el libro que quería escribir sobre ella en una playa, empecé por el final y nunca terminé de empezarlo.

Aún me acuerdo de ella, por supuesto, pero jamás volvería a su lado. 

Jamás volvería a vivir su pérdida.