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Amante de los tiburones. Me encanta la magia, los libros y París.

lunes, 27 de mayo de 2013

Si me muero, haz lo que te escribo

Viernes noche. Segunda ducha del día. Ocho de la tarde. Afri se frota las dudas para vestirse de fiesta. Entre gota, nota desafinada y sonrisa cansada, se percata de un lunar en su vientre que ha crecido más de lo normal. El lunar pasó a ser mancha en menos de dos semanas y el melanoma le redujo el resto de su vida a tres días.

Se encuentra tumbada en una cama de hospital lejos de la comodidad de su almohada, y el pasillo infectado de caras conocidas y desaparecidas durante muchos años. Entre ellos su primer amor, su durante y su último. El verdadero. El de su muerte.
El amor de su vida había encajado tan mal la noticia, que le había desencajado el día a día. 

El amor atraviesa la puerta de la habitación que distaba mucho de la que compartía con ella. Afri sonríe y el amor hace unos días que no sabe hacer otra cosa que no sea llorar. Ni siquiera recuerda cómo es su nombre, sólo se acuerda de que ella siempre le había llamado de una manera diferente. Juegos de palabras o lenguaje de pareja lo llaman algunos, pero Afri siempre prefirió llamarlo complicidad. 
Se sienta en el lado derecho de la cama, cogiéndole la mano, como intentando evitar que ella abandonara en cualquier momento esta guerra, la cual no le habían dado tregua para luchar. El amor no cesa el llanto. No cesa. 
Es curioso cómo a veces la vida te demuestra que guardas un océano en los ojos. Afri, casi le suplica que deje de empaparla de esa manera:

-Mi amor... No puedo verte llorar y no tener fuerzas para abrazarte. Por favor... Sabes que nunca te he pedido nada -coge aire y lo aguanta en el corazón-, y aunque mi vida se acabe, recuerda que nos quedan unas cuantas por delante. ¿Te acuerdas de la primera vez que nos vimos? -termina de soltar todo el oxígeno y abraza el silencio-.
El amor de su vida sigue diluviando y cada vez aprieta más fuerte su mano. Le aprieta tanto y a la vez con tan sumo cuidado que parece que el mundo se acaba asfixiando de placer.
Afri ha dejado de armarse de valor para armarse de muerte y en la última calada de aire le dice:

-Por favor, amor... Tu vida no se acaba, me acabo yo. Lo siento por dejarte esta vida para ti, me hubiera gustado compartirla a tu lado. No dejes con las ganas de verte a todas las ciudades que teníamos pendientes, ellas no se lo merecen. No te olvides de llenar esos abrazos que tanto abarcan y tanto calman, y tanto me han salvado a mí de los lunes por la mañana, hazme el favor de llenarlos de ganas y saciarlos de amor. Ojalá te vuelvas a enamorar de alguien, mi amor, ojalá. Sonríe siempre y perdóname irme tan pronto, pero yo sabía que la vida no estaba hecha para mí. Yo sabía que estaba hecha para vivir de ti, pero me ha tocado dejar de ser y no pasa nada. Voy a estar bien sólo si tú duermes cada día en nuestra cama... -Afri se olvida de que en la vida se respiraba y por un momento cree perder la única toma de tierra que le quedaba, pero abrió la boca e inhalo el aire donde el amor de su vida también espiraba- Mi vida... Qué difícil se me va a hacer el mundo allí sin mi propio cielo, menos mal que dejo a los mortales al mismísimo universo. Creo que te lo he dicho pocas veces porque sabes que te hablo con miradas, pero... Te he querido más que a mi vida, y por eso te dejo aquí y la pierdo a ella-

El amor de su vida le dejó de sentir el pulso. Enseguida entraron los médicos a pedir que desalojaran la habitación y a ponerle en el pecho diversos aparatos, como si de un chispazo Afri volviera con el amor, como si realmente necesitase un azul artificial, sabiendo que la llama que el amor y ella mantenían, no se apagaba. 

Desalojaron el pasillo tan rápido como sucedió todo, la familia y su entorno se marchó destrozado pensando que un pequeño lunar, que algunos osan llamar constelaciones en espaldas, se había llevado a su propia galaxia.
El amor de su vida volvió a sonreír, y siempre dormía en su lado de la cama, abrazando la almohada que un día Afri le invitó a compartir.



(Afri no es el nombre real de la protagonista imaginaria, es el nombre de la hija que iban a tener)

10 comentarios:

  1. mmmmm
    me gusta más tu poesía que tu prosa :)

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    1. Jaja, tranquila, esto ha sido una obligación cabeza-corazón. Ha salido así porque ha sido vomitado sin filtros, ni siquiera es un texto para darle forma, es sólo que le tenía que decir al amor de mi vida que siguiera viviendo si Afri se iba algún día. :)

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    2. deeesde luego es un sentimiento muy fuerte
      y un texto muy triste

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  2. No sé si la historia es real o imaginaria, pero yo con historias así no puedo, se me encoge el corazón de tal manera que le cuesta bombear. Y mira que me veo todos los días un capítulo de anatomía de Grey, pero no hay manera.
    Qué horrible la muerte, qué horrible perder a una persona y quedarte con todo su amor, para siempre.

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    1. No he podido evitar pensarme en esa situación y tener a mi amor al lado. Lo siento por las lágrimas innecesarias causadas, pero tranquila, que la muerte no es tan eterna como parece. Ojalá tengas suerte y llegue alguien a prometerte cien vidas :)

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  3. Para ser lo primero que leo de ti tras tus tweets, me ha gustado. Como a veces lo más pequeño nos puede quitar lo más grande.

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    1. Gracias :)
      Lo "pequeño", a veces, suele tener más fuerza concentrada.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Al leer esto, mis ojos han recordado también que esconden un océano dentro.

    Perfecto.

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