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Amante de los tiburones. Me encanta la magia, los libros y París.

jueves, 21 de febrero de 2013

Bienvenidos a mi interior



A los que llegan, bienvenidos a la tormenta y a los arco iris que veremos después de ella. Bienvenidos a las tardes de verano en pleno invierno.

Puedes saludar a mis dudas, siempre están. Eso de ahí de la derecha son mis imposibles y a la izquierda tenemos mis caídas, las puestas en pie han salido a comprar.

En esta estantería podéis encontrar mis días de la semana, como veis faltan los lunes, nunca los aprovecho y un martes ya no estaban pero dejaron un post-it: "volveremos". 
Los jueves están ordenados por sonrisas de manera ascendente y los de la esquina son los domingos (es que están castigados).

En este cajón se encuentran los días raros, que no sé de qué manera pero siempre hay alguno. Aunque creo que después de la amenaza que le hicieron los viernes...

Un poquito más arriba tenemos el frasco de las lágrimas, que como ves, está a punto de agotarse pero no te preocupes, los días malos han salido a por más y creo que esta vez tendremos de sobra. 
Al lado están las sonrisas. Ten por seguro que aunque parezca un bote pequeño y no esté lleno, nunca, nunca, nunca se acaban. 

-Se aceptan donaciones-.

Aquí es donde duermen mis razones y debajo descansan los malos sueños.

¿Los buenos sueños? Están dentro de ese cacharro de ahí. Sí, el que está dentro de la vitrina y tiene forma de corazón.
¿Que por qué lo tengo dentro? Bueno, porque no está preparado para salir a latir (de momento). Las malas experiencias le hicieron resguardarse y aún está recuperándose, pero suele salir los miércoles. Dice que es buen día para palpitar y claro, que le voy a decir yo, que tome el aire.

En ese baúl que tiene pinta de viejo se encuentra mi gama de grises. A estas alturas quedan pocos blancos para tanto negro, así que siempre elijo el gris.

En la mesilla de noche se encuentran mis experiencias, también ordenadas, pero esta vez por nivel de intensidad.
Y mis ganas... bueno, creo que es mejor que pasemos al armario. 
Tiene cuatro baldas. En la primera empezando por arriba descansan las palabras, digo descansan porque están hartas de andar.
La segunda balda está vacía, mi paciencia y yo esperamos que se llene pronto de buenas respuestas.
En la tercera viven los verbos y en la cuarta los puntos. Estoy esperando que me envíen más. Suelen venir desde muy lejos y tardan bastante en llegar, pero son necesarios para poner final.

En esa mesa hay cuatro carpetas. 
La negra guarda todas las veces que salió la luna desde que vivo sola.
La roja esconde un montón de papeles con numerosas cuentas, creo que son horas o años, no recuerdo bien, pero tienen que ver con el tiempo que has tardado. 
La carpeta azul es muy importante. No contiene nada, espera que tú la llenes. Lleva de nombre "vida". 
Y la amarilla habla de los recuerdos, pero esa no es recomendable moverla de sitio, pesa mucho.

Bien, echando un vistazo rápido creo que no me dejo nada, más o menos esta es mi casa, es pequeña pero muy acogedora. El hecho de que no tenga paredes es para que entre la luz (tu luz, si es posible). Todo está un poco desordenado y da pereza, pero estoy segura que con el tiempo acaba en su sitio (a tu lado, si es posible).
No hay normas que valgan, ni instrucciones, eso sí, en casa no antes de las diez, que nos dé tiempo a echarnos de menos.

Si tienes frío puedes coger las mantas, están en el cajón donde pone: “mi calor”.

Y creo que ya está todo, sé que vienes sin nada así que nos apañaremos con lo que queda en la despensa de “las cosas que nunca me quitaron pero lo intentaron”, tiraremos con esta leonera que aún le quedan demasiadas estampidas y de momento con tus ganas, que las mías, ya vendrán de tu mano.


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