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Amante de los tiburones. Me encanta la magia, los libros y París.

lunes, 30 de julio de 2012

Me enfada pensar que mis asesinos nunca mueren


Entendiendo el amor como muerte y resurrección, como un círculo que abarca desde mafias hasta putas, como un ciclo que termina con la sístole del corazón, únicamente me queda pensar que realmente alguien contrata asesinos para que nos maten, para que nos dejen sin vida viviendo, acabando recluidos en espacios minúsculos que llegan a asfixiar hasta que morimos definitivamente, por falta de sueño.

Mientras agonizamos, vivimos con la esperanza de que llegue nuestro héroe o heroína (30 euros el gramo) a que nos saque de nuestra cama de noventa, de nuestro cabecero formado por sueños deshechos, de nuestra almohada que esconde más pesadillas que gemidos.
Que venga quién sea a quitarme el pijama de la decepción, a rasgar con los dientes mis camisetas de los viernes, a ponerme los zapatos, despacio, que aún me duelen los pies de tanto andar buscando la silueta con capa que me dirá: 'te he venido a salvar'.

Dejar el libro de autoayuda (que hace de todo menos ayudar) en la mesilla de siempre junto al lápiz que se encarga de remarcar en cada hoja las frases clave que creo me ayudarán a salir de este pozo sin hondo, de este túnel sin fondo, de esta cama sin ti.

Cuando por fin aparece la silueta con capa (más bien era una sábana que otra cosa), se detiene ante mí y no me dice nada parecido a lo que tenía planeado. Intenta traspasar las fronteras de su muro para colarse en el mío y sacarme de allí. Pero no, resulta que mi héroe estaba muerto, le mataron como a mí, como a todos.

Y entonces no, no puedes salir de la mano de otro muerto porque no sois capaces de llegar a vuestro ser. Pero, ocurrió lo inesperado. La capa se le cayó y me explicó que era su sábana de casi siempre, que casi siempre dormía arropado porque necesitaba sentirse protegido. Que a él también le había asesinado el amor y que un día despertó detrás de sus murallas y encontró a la muerta más bonita que jamás había visto y le dio igual. No pensó en su muerte, ni en su pijama, cedió ante la esperanza de poder salvar a alguien y lo hizo.

Mi héroe con sábana me salvó, a pesar de haber muerto, nos dimos cuenta que aunque te maten siempre puedes rescatar a alguien.

Desde entonces prometimos no matarnos e hicimos de una canción nuestra frase: 'we can be heroes'.


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